Iglesia Adventista del Séptimo Día

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Historia de la Unión Cubana

Tres océanos y muchos más mares rodean a nuestra América: tierra de innumerables culturas y colorido impresionante. Una estela de hermosura especial recorre todas sus costas y paisajes.

Varios lenguajes y dialectos parecen contar toda una historia; y en medio de ella, el cumplimiento solemne de una palabra segura: Tres ángeles salieron por en medio del cielo para llevar el evangelio eterno a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Muchos pueblos del mundo fueron beneficiados con la verdad; y entre ellos, Dios se acordó de Cuba; Cuba, la nuestra; Cuba, la bella.

Adventistas, porque desde siempre creen que Cristo regresa a este mundo… del séptimo día, porque adoran a Dios en el día escogido por Él, llegaron a nuestro país por primera vez.

El primer contacto de los Adventistas con Cuba sucedió a fines de 1902 y comienzos de 1903 en la persona del pastor W.A. Spicer, entonces secretario de la Junta de Misiones Extranjeras de los Adventistas del Séptimo día con sede en Battle Creek, Michigan. Pasó unos días en Cuba y al regresar presentó un informe y recomendó que se iniciase obra misionera en nuestro país.

En el transcurso del año 1903 llegó a Isla de Pinos un barco de carga que traía en su tripulación como marinero a un joven adventista norteamericano, quien aprovechó la larga estadía del buque para compartir su fe con las personas de aquella isla.

Después de estos dos visitantes que no permanecieron por mucho tiempo en el territorio, pudiéramos mencionar al señor Stych, con influencia en la zona occidental del país; mientras que fueron de influencia en la zona central el Sr. Hall y el Sr. Sturquel con su esposa. Por esa época, también  Joseph Clark se establecía en Ceballos junto a esposa.

En 1904 llegaron los primeros obreros adventistas que eran de sostén propio, los esposos Isaías E. Moore y Lura C. de Moore, quienes eran enfermeros de la sucursal de Chicago del sanatorio de Battle Creek. Fueron enviados bajo la dirección de la Junta de Misiones Extranjeras.

Y comenzó el trabajo. Algunos rincones de Cuba comenzaron a cambiar. Gente que antes era naturalmente alegre, ahora conocía la felicidad verdadera. Gente que solía ser optimista, ahora encontraba la fe real.

Gente característicamente sacrificada, ahora conocía de la recompensa eterna.

Para el año 1905 teníamos una sola congregación de 13 miembros. La cifra de 500  miembros fue alcanzada para el año 1925.

Para el año1940, nuestra membresía alcanzaba número de 2460 miembros.

En un espacio de cuarenta años, para el 1980 Cuba tenía 100 iglesias organizadas a lo largo y ancho de todo el territorio nacional y su feligresía alcanzó los 8902 miembros.
Desde 1980 -1990 solo se logró organizar 4 nuevas congregaciones, y fueron bautizadas 1207 almas. Pero para el año 2000 se organizaron 85 nuevas congregaciones, para un total de 189 lugares de reunión y una membresía de 21933 miembros bautizados.

Nada pudo detener este evangelio.  No pudo contenerse nuestro mensaje ni en el llano, ni en las lomas, ni en las zonas regadas por los ríos, ni en los tumultos de las ciudades.
Muchas épocas y circunstancias atravesó la obra adventista en Cuba. A través de todas ellas Dios nos ayudó y guió, a veces directamente y en muchas ocasiones, por medio de hombres y mujeres que fueron usados por el Espíritu Santo.

Desde  el año 1941 el territorio  cubano había estado organizado en dos  Asociaciones, la Asociación  Occidental y la Asociación Oriental, hasta el año 1967. En esa fecha se reorganiza el territorio cubano nuevamente y se establecen seis delegaciones en todo el país, una en cada provincia.

En 1989 nuevamente se vuelve a reestructurar  el país administrativamente dentro de la Iglesia Adventista.  Se crean tres delegaciones: la Oriental, la Central y la Occidental; y sobre ellas, la Unión Cubana.